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martes, 30 de abril de 2013

Els canelons de la 'mamà'


Esta es una entrada pendiente desde el pasado mes de enero. Un homenaje a la madre que me parió y a uno de los platos que mejor cocina, 'els canelons' (que a su vez aprendió de su madre -mi abuela y madrina). Ahí teneís a ambos, a la Sra Montserrat y a la pantagruélica bandeja de canelones que nos zampamos familiarmente el día uno de enero de este año. Hacía mucho tiempo que mi madre no los elaboraba, por el trajín que conllevan y que a continuación veréis y porque una (ella) ya no está (lamentablemente) para tanto esfuerzo. Empezamos pues a explicar lo que sería la receta de estos 'canelons' que en mi casa se preparan en dos días. El primero se dedica a preparar el 'rostit'.


Empezamos con los ingredientes cárnicos: botifarra catalana (2), higado de cerdo, pollo y carne de cerdo, de la zona del cuello. También se utiliza ternera pero en esta ocasión y por incompatibilidad de uno de los comensales se evitó.


Para el sofrito, lo que veis: tomate, ajos, laurel y mucha cebolla.





Sofreímos la carne, añadimos las botifarres, cebolla y demás y vamos reduciendo y dorando


Cuando llegamos a este punto... paramos y dejamos reposar hasta el día siguiente, cuando realmente se elaboran los canelones.


Ya estamos metidos en la segunda jornada, el día 'C' (de canelons) en el cual sacamos chispas a la mítica 1,2,3 Picadora Moulinex por la cual pasamos toda el 'rostit'.


Aquí tenemos, toda la carne y salsita picadas.... pero aún falta un poco. Hay que darle más sabor aún a esos canelones y para ello... a sofreir mucha más cebolla, pasada también por la picadora


Y como no, tomate al sofrito.


Ahora añadimos la carne picada al sofrito de cebolla y tomate para darle mucho más sabor y hacerla como diría mi Sra madre... más 'amorosa'.


Y así queda de nuevo el que va a ser el relleno de los canalones, con un colorcito mucho más enriquecido. A continuació hervimos la pasta


La pasamos por agua fría


Y la disponemos sobre un paño de cocina para ir enrollando los susodichos 'canelons'


Paralelamente, untamos la bandeja del horno con un poco de agua de la cocción con aceite y sobre ella iremos disponiendo los cada vez más apetecibles canalones



Ya sólo nos falta preparar la bechamel, en la que no falta como ingrediente de la casa, nuez moscada y la vertemos sobre la bandeja en la que también hemos dispuesto algún tropezón reservado de la carne picada.



Añadimos el queso rallado y a gratinar



Y del horno... al plato. Los 'canelons' de la Sra Montserrat sobre la vajilla de los días de guardar... luciendo al máximo!!! y como no, regados con cava!!!


Bon profit i moltes gràcies mamà per tots aquests anys de canelons!!!!!

miércoles, 18 de enero de 2012

Rompiendo mitos. La caducidad y la congelación

Servidor, siempre amante de las experiencias (que no deportes) extremas, vuelve a someter su maltrecho cuerpo a un nuevo experimento culinario. El objetivo era romper dos de los tabués de la cocina actual, el de la cadena del frío y la caducidad o consumo preferencial. Para ello nada mejor que rebuscar entre los témpanos del congelador y rescatar de allí este paquete de 500 g de Oreja de cerdo cocida y adobada, que creo en su día fue comprada en Consum.

El detalle nos muestra que evidentemente la fecha de consumo preferente / caducidad estaba más que sobrepasada el día del experimento (martes 17 de enero). Doy fe que el producto fue descongelado almenos una vez... hace ya meses...

En mi caso opté por saltear toda la oreja en una sartén a la que añadí ajos y después un buen chorro de vino turbio galego (entiéndase si se quiere como un homenaje a Fraga -cada cual que decida si existió o no homenaje y si lo fue por la oreja de cerdo o por el vino, las interpretaciones son libres)

Finalmente, después de acabar con una quemadura en la mano y salpicado de aceite por el constante 'chispotorreo' de la oreja, el plato (de nada más y nada menos 1000 calorías) quedó así. Aún me queda casi la mitad para ser tomada como tapa hoy al mediodía. Ah... y sin efectos secundarios... ya me entendéis... Quién dijo miedo?